viernes, 30 de marzo de 2007

Pastor de Ovejas

Amanece un nuevo día gris en la vida de Jaime Volterra. Como cada día, lleva a sus ovejas al campo. Es lo único que sabe hacer, el oficio que aprendió desde pequeño, un oficio que le satisface, pero no le llena.

Jaime es un hombre especial, posee inquietudes y expectativas incomprendidas en el mundo en el que vive, siempre ha sido un hombre adelantado a su tiempo. Su ovejas le quieren, le siguen donde quiera que él vaya. Es sin duda un líder.

Pero él sueña. Sueña con ser una oveja, con tener preocupaciones de oveja. Pastar y tumbarse en el campo, esperar el día en que serán esquiladas y sobre todo, sueña con tener un pastor. Un pastor que se preocupe por él, que le guíe y que le cuide, que le asista en los partos y le quite la lana sobrante, en definitiva, que haga todo lo que hace un pastor.

Pero Jaime Volterra duda constantemente. En el fondo la vida de las ovejas le aburre, no le llena. El sueña con recónditos lugares. Lugares en los que escapar de la soledad que se cierne sobre su cabeza. Lugares en los que ser feliz y disfrutar de las maravillas de la Creación. Pero no puede quitarse de la cabeza a sus ovejas, su seguridad le preocupa. ¿Qué van a hacer sus ovejas si él?

En realidad no es un líder como sus ovejas creen. Es una persona insegura, que cambia de estado de ánimo a cada momento. Le alegra el nacimiento de un nuevo cordero, pero se deprime ante la desobediencia del grupo. Es un infeliz.
Quiere luchar, formarse una nueva vida, pero siempre encuentra una excusa para no hacerlo.

Ya es medio día. Jaime Volterra busca la sombra de un árbol para sentarse a almorzar. En estos días de sequía es tarea difícil para un pastor como él encontrar sombras que le cobijen. Después de comer decide echarse la siesta, quizás para descansar, quizás para seguir soñando. Mientras, las ovejas siguen pastando ajenas a los sueños de su pastor. Sueña con un día diferente. Una mañana que ya no será gris, un medio día en el que las sombras de los árboles abunden y no le sea difícil encontrarlas y una noche en la que tener un sitio de cobijo, una cama en la que descansar plácidamente sin que las pesadillas le despierten de madrugada.

Pero esto no es tan fácil, Jaime Volterra nació pastor y pastor morirá. Sólo si Jaime antepone sus necesidades a las de sus ovejas será capaz de disfrutar de la vida tal y como lo hacen ellas.

Jaime se despierta. Otra vez le ha pasado lo mismo, se ha quedado dormido bajo un árbol, pero el sol no perdona. El sol nunca se queda quieto y de nuevo las quemaduras se han apoderado de su rostro. Su madre siempre se lo decía cada mañana: “Jaime, no confíes en los árboles y preocúpate por el sol”. Pero Jaime nunca le escuchaba, y seguía soñando y soñando, esperando a que esta vez el árbol no le fallase y le protegiera del astro.

Se estaba haciendo de noche, tocaba volver a casa. Otra vez la misma cena, la misma rutina, y Jaime quiere llorar. Pero las lágrimas no están de su parte tampoco esta vez. Ya gastó muchas una vez, aquella vez en la que un rayo, en un día de tormenta, prendió el árbol bajo el que siempre dormía la siesta.

¡Deja ya de lamentarte y vive! ¡Deja ya de soñar y actúa!

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